jueves, 3 de diciembre de 2009

Al Señor A.M. Riera de Sant Adrià de Besós que, muy amablemente, ha comentado mi carta a la prensa...


¡Hola a todos! Esta es la carta resumen que he enviado al periódico como respuesta a esta “carta anónima”:

He recibido una carta a mi domicilio de una persona llamada A.M. Riera de Sant Adrià de Besós (supuestamente un “hombre”) en la cual se critica mi carta enviada a este diario el pasado 27 de Noviembre. Dicho escrito está “elaborado” con un lenguaje violento e insulso y lleno de demagogia, al contrario que el mío, en el cual yo sí comentaba soluciones (una de ellas, la educación, la cual fervientemente recomiendo a este señor, junto con unas buenas lecciones de ortografía). En pocas líneas me es imposible rebatirle cada uno de los puntos, cosa que me encantaría, de hecho, he intentado buscar sus datos. En resumen, sí soy persona, adulta, no necesito a ningún “tío” que me resuelva la vida (mi vida me la resuelvo yo sola, y, si alguien me ha ayudado alguna vez, no ha sido un "tío" sino mi familia y amigos) y tengo muchas cosas que hacer en la vida. Y desde luego, el cobarde es quien envía una carta sin dirección y anónima. ¡Bravo! En http://marietainsa.blogspot.com habrá el resto.

Está claro que me sabía a muy poco y tengo otros puntos a argumentar de la misma, los cuales voy a intentar enumerar aquí.

“Vaya sandeces de escribir una persona supuestamente adulta. No creemos que seas persona y mucho menos adulta. Si acaso una pobre desgraciada inmadura”.

Los descalificativos personales es algo, que, de entrada, no tengo por qué aceptar. (Y, si encima se hacen sin fundamento, todavía menos). Hay un principio universal por el cual nos tendríamos que regir todos los seres humanos y se llama “RESPETO”. Claro, que alguien que no me considera persona, no sé si puedo calificarlo como “ser humano”. Para eso, hay que “ser” y no “parecer”. Merezco respeto. De algo me ha servido el año y medio de terapia, del cual estoy muy orgullosa y no tengo ningún problema en comentar. No todos los que hemos hecho una terapia psicológica estamos desequilibrados, simplemente, en un momento dado, necesitamos ayuda por circunstancias de la vida y la pedimos. A eso se le llama ser valiente y tratar de buscar solución a un problema. Yo podría haber optado por hundirme y hacerme la víctima, y opté por recuperarme, atajar el problema y buscar soluciones. No opté por pelearme contra el mundo, opté por poner distancia con quien me hacía daño y empezar a luchar por una causa que considero justa y encontrar la manera de que mi sufrimiento (más psicológico que físico) sirviera a otras personas para evitar el suyo. En cuanto a los descalificativos “no adulta”, “desgraciada” e “inmadura”, las personas que me conocen saben de sobras que no es así, no soy para nada una amargada, vivo la vida con total felicidad y alegría y no hay nadie que consiga quitarme la sonrisa de la boca, y menos un cobarde que envía anónimos.

“Vamos a ver, senyora setciències (mejor yo, Mari, aprovecho para corregir faltas de ortografía que me dañan la vista); tu extensa y demagógica carta sobre el “machismo” (vuestro eterno argumento para justificaros), nos ha dado un ataque de risa (pena, para no llorar). ¿Cómo puedes tú defender la actuación hoy día de las “tías”? Se conocen casos documentados que muchas “señoras” se autolesionan para presentarse en urgencias y solicitar el certificado de lesiones, para, posteriormente presentarlo en el juzgado y acusar de ellas a su marido. Sabéis a la perfección cómo exprimir a la pareja, y claro, luego pasa lo que pasa: haceros las víctimas con excelentes comedias teatrales, de lo que sabéis sacar mucho fruto”.

Pongo la mano en el fuego de que este “señor” está divorciado. En fin, totalmente de acuerdo con la afirmación de que hay algunas mujeres que deshonran al resto y se autolesionan para aprovecharse de la situación. ESO ME PARECE TOTALMENTE CONDENABLE y bochornoso, y es algo que debería ser todavía más castigado, incluso penalmente. Es gravísimo engañar a la justicia y aprovechar las causas que hemos ido ganando las mujeres a base de reivindicaciones solamente por sacar un provecho económico o de custodia de los hijos. Totalmente condenable, creo que es en lo único que estoy de acuerdo con este “hombre”. Me horroriza también la pregunta “¿cómo puedes tú defender la actuación hoy día de las “tías”? Para empezar, no somos “tías” (yo sólo soy la tía de mi sobrino), de nadie, somos mujeres. Y la actuación que él critica no es una actuación generalizada, sino puntual en algunos casos. Me hace especial gracia que diga de mi carta que es “extensa” (la suya ocupa más del doble) y “demagógica” con frases como: “sabéis a la perfección cómo exprimir a la pareja, y claro, luego pasa lo que pasa: haceros las víctimas con excelentes comedias teatrales, de lo que sabéis sacar mucho fruto”. Sí, señor, pasa lo que pasa… lo que pasa, pasa, y lo que no pasa, pues no pasa… Demagogia, 1 - Usted, 0. Supongo que el suyo es un relato autobiográfico, me encantaría saber la versión de la otra parte implicada, sobretodo porque, en ningún momento de la carta, critica algo tan repudiable como es la violencia.

“En una ocasión, en el despacho donde trabajo, dos muchachas ya mayorcitas en una conversación en mi presencia, y sin ningún tipo de pudor, una le dijo a la otra: “tú lo que tienes que hacer es buscarte a un “tío” que te resuelva la vida” (sin comentarios).”

Pues sí, sin comentarios… Está claro que usted trabaja en un lugar donde, afortunadamente, reinan las minorías. No me cabe la menor duda de ello. Ya lo he dicho en mi resumen, yo no necesito buscarme a ningún “tío” que me resuelva la vida, ni es mi meta en la vida, ni mi manera de vivir. Me encantaría encontrar un HOMBRE con el que crecer juntos, querernos y respetarnos, pero para nada espero encontrar a un “tío” que me resuelva la vida… Mi vida me la resuelvo cada día yo solita, Sr. Riera (si es que de verdad se llama así), luchando por lo que creo, entusiasmándome con cada una de las cosas bonitas de la vida y saliendo a la calle con buena actitud y alegría. No necesito a nadie que me resuelva la vida, ni en el plano económico ni en el plano emocional, y menos a ningún “tío”. No soy de las que piensa que el nombre cambia pero la dependencia siempre es la misma. Doy gracias a mi terapia. Y a mucha honra.

“Desde luego nos sugieres ser muy joven para opinar como lo haces. Tu (yo, Mari, sigo corrigiendo faltas de ortografía) pensamiento es propio de la izquierda feminista más radical e intransigente: seguramente habrán influido en ti las consignas lanzadas a sus lacayos contra todo lo que huela a “machismo” por el sector habitual. Se te nota ser una tipa muy manipulada a la que le han lavado el poco cerebro que te quedaba”.

¿Acaso me conoce usted, Sr. Riera, para saber qué cantidad de cerebro me quedaba antes del “lavado”? Dudo hasta de su verdadera identidad. Quizá sería conveniente comparar cantidades… Su pensamiento es propio de la derecha machista más radical e intransigente: seguramente habrán influido en usted las consignas lanzadas a sus lacayos de dictadores totalitarios que creían en el poder hegemónico del hombre y en su superioridad por encima de todas las cosas y géneros. En que el hombre tiene la verdad absoluta porque sí, sin ningún argumento sólido y la mujer estaba destinada a servirle. Seguramente, mandatarios de la talla de Franco aplaudirían su artículo. Sí señor. Estoy de acuerdo en una cosa: soy muy joven (29 años). Aún así, he vivido mucho más seguramente que esas dos mujeres que trabajan con usted en el despacho. Aunque con semejantes referencias… Usted no tiene ni idea de mi vida, y de todo lo que me ha sucedido para acabar pensando como pienso. Pero le aseguro que la opinión que me he forjado es debida a mis vivencias. Nadie me ha lavado el cerebro, soy mayorcita y tengo mi criterio. Y, justamente, si he dejado de sentirme culpable y de afectarme las críticas y pensamientos que puedan tener la gente ignorante, violenta e irrespetuosa como usted, es gracias a mi estupenda terapia. Es gracias a aprender a quererme un poquito, a saber decir no cuando quiero decir no y a saber manifestar mis opiniones e inquietudes. Eso es algo que, desafortunadamente, me viene de nuevo desde que dejé una relación que me machacó psicológicamente. El maltrato físico fue la cumbre.

“¿Y para esta burrada pierdes el tiempo enviando vomitivas cartas a la prensa?”

La burrada es que usted opine que criticar la violencia de género es una burrada. Más que burrada, lo suyo sería una aberración.

“Se nota que no tienes nada más que hacer en la vida”.

¡Ay, si yo le contara…! Digamos que tengo una vida feliz, plena, atareada con mi trabajo y estudios, en la que realizo múltiples actividades que me llenan, en la que afortunadamente cuento con mucha gente a la que quiero y me hace feliz y les hago feliz, con quienes comparto inquietudes, puntos de vista, experiencias, conversaciones y sonrisas. Quizá esto último a usted le haría buena falta. Una buena sonrisa y una actitud positiva hacia la vida, y no en pensar a priori lo peor de las mujeres y que usted, simplemente por tener más peso en la entrepierna, es superior.

“Mejor te dedicaras a tus quehaceres domésticos que seguro los tienes abandonados…”

¿Para usted una buena gestión de mi tiempo se basa en dedicarme a mis “quehaceres domésticos”? ¿Si fuera un hombre y enviara una carta a la prensa me recomendaría lo mismo? A esto, perdone que le diga, se le llama “machismo”, aquí, en Estados Unidos, en las Islas Seychelles y en otros muchos lugares donde, afortunadamente, los derechos humanos están reconocidos. Y la mujer es vista como un igual y no como un burro de carga y tareas domésticas.

“… y si luego te sobra tiempo, date un paseo por el zoo más cercano, tal vez a la vista de los monos se te aclaren las ideas.”

Desde luego… ahí volvemos a coincidir. Mejor estar cerca de los monos (nuestros queridos primates) que cerca de gente con su misma… “¿ideología?”. Llamarle ideología es sobreestimarle e incluso hacerle un cumplido… Más bien lo definiría como argumentos aleatorios sin ningún tipo de fundamento, ni pies ni cabeza. Por cierto, fantásticos los animales, que la mayoría de las veces dan más cariño, compañía y reconfortación que ciertos… “individuos” que se hacen llamar “hombres” o “humanos”. Afortunadamente, yo no tengo que aclararme ninguna idea. Las tengo muy claras. Desde pequeña, mis padres me educaron en el respeto a los demás, a no utilizar la violencia de ningún tipo como “herramienta de comunicación” y en creer y profesar el respeto a los demás, sea como sea, porque nadie es superior a nadie. Con el tiempo, aprendí a demostrar lo que realmente quiero y a dejar marchar y eliminar lo que realmente no quiero. Hoy por hoy, eso lo tengo clarísimo.

“Has meado fuera de tiesto, se te ha visto el plumero y has hecho el peor de los ridículos.”

¡Viva la demagogia…! de la que, por cierto, tanto se quejaba al principio de su “exposición”. Me encantaría que me explicara de qué manera se me ha visto el plumero. Lo que espero haber conseguido con esta carta es que muchas mujeres que han pasado por esta horrible situación vean que no están solas, que tienen apoyo y que pueden salir de ello. Y que se vea que la solución radica en una educación desde bien pequeñitos… para evitar forjar mentes con creencias machistas tan arraigadas…

“Tómate un Valium y tranquilízate, descansarás mejor”.

Afortunadamente, estoy bien tranquila y descanso perfectamente. Mejor, imposible. 

“¡Ah! No te equivoques, el cobarde no es él, la vividora y aprovechada es ella, ¿estamos?”

Ahí es donde pienso que usted, supuesto Sr. Riera, podría conocerme. O igual es que el perfil y el lenguaje de quienes piensan de la misma manera machista y violenta siempre es el mismo… Ese “estamos” me ha resultado tremendamente familiar. Esa manera de sentenciar porque sí, sin ninguna razón ni argumento aparente. Hay una cosa clara: el cobarde es usted, por enviar una carta anónima a mi domicilio particular, con unas iniciales que no aparecen en ningún lado y sin ninguna dirección. Alguien que no da la cara, para mí es todo un cobarde. Y ni siquiera merecería que haya perdido el tiempo en responderle, pero es de recibo el mostrar mi tristeza e indignación porque todavía siga habiendo actitudes como la suya en esta supuestamente “sociedad moderna”. Supongo que el identificar y ver que todavía hay posturas como la suya nos hace a los que luchamos contra las desigualdades de género tener más conocimiento sobre contra lo que peleamos y ser más fuertes. Yo no voy a intentar cambiarle, eso es tarea imposible, pero me encantaría poder decirle cara a cara que lo que usted necesita es poner una sonrisa en su vida, tolerancia y una gran lección de igualdad y humildad. Que sea muy feliz.

2 comentarios:

Sergio Blanco dijo...

Este señor lo que tiene que hacer es dejar de pagar a señoritas de compañia por que veo que la fuerza se le ha ido por los cataplines... y por cierto, yo cuando quiero ver monos me voy a un mitin del PP que esta repletetio de ellos. Un ultimo dato, que este señor se ponga los pantalones en la cabeza y los calzoncillos en la cara, por ahi es por donde le sale la mierda. "¿estamos?"

Teresa dijo...

Siento no haber entrado antes en tu blog para poder darte mi apoyo.Pienso que no merece la pena desperdiciar tantas explicaciones con este tipo de personas.Por otra parte, tal vez en el fondo, le has ayudado a vomitar toda la rabia que lleva dentro, posiblemente debido a una mala gestión de sus emociones. Necesitamos personas como tú que sepan llamar a las cosas por su nombre de una manera tan sencilla y eficaz. Sigue asi, seguro que puedes ayudar mucho.
Teresa Papió